Más allá del 8.3%: desentrañando la realidad oculta del desempleo
Columna en Cooperativa

Columna de opinión publicada el 16 de abril de 2026 en Cooperativa

Por Andrea Sato, investigadora Fundación SOL 

La reciente cifra de desempleo nacional -fijada en 8,3% para el trimestre diciembre 2025-febrero 2026 en la Encuesta Nacional de Empleo- es preocupante. Pero esta cifra no logra englobar el problema estructural del empleo en Chile. Al analizar la Tasa de Desempleo Integral (TDI), que se sitúa en un alarmante 12%, se revela que el problema de la desocupación en Chile es mucho más profundo de lo que las cifras oficiales sugieren.

Para entender la magnitud del problema en la estructura laboral en Chile es crucial diferenciar entre la tasa de desempleo abierta y la tasa de desempleo integral.

La Tasa de Desempleo Abierta (TDA) es el porcentaje de la fuerza laboral que está desempleada y activamente buscando trabajo. Actualmente, esta tasa se ubica en 8,3%. Sin embargo, este indicador no capta la realidad completa, ya que no considera a quienes han dejado de buscar empleo debido a la falta de oportunidades.

La Tasa de Desempleo Integral (TDI) es el indicador que ajusta la TDA, al incluir a las personas subempleadas (quienes desean trabajar más horas, pero no pueden) y a aquellas desalentadas (quienes han abandonado la búsqueda de empleo porque se han desmotivado). La TDI, situada en un alarmante 12%, ofrece una visión más precisa del panorama laboral, revelando que la crisis del empleo es más amplia que solo el desempleo.

Como en el caso de la TDI, las tasas de subutilización también son útiles para dimensionar el panorama laboral en Chile. Al desagregar, y observar los últimos datos disponibles, se aprecia que la Tasa de Desocupación con Iniciadores Disponibles, es decir, personas que no han buscado trabajo porque iniciarán pronto una actividad laboral (SU1) llega a 8,7%; la Tasa de Desocupación y Tiempo Parcial Involuntario (SU2) llega a 14,4%; la Tasa Combinada de Desocupación y Fuerza de Trabajo Potencial (SU3) a 17,3% y la Tasa de Subutilización de la Fuerza de Trabajo (SU4) llega a 22,5%. Este último indicador refleja que la subutilización de la fuerza de trabajo supera con creces la Tasa de Desempleo Abierta y significa en la práctica que 2,5 millones de personas tienen problemas de desempleo total, parcial o potencial.

Otro aspecto preocupante es el aumento del desempleo de larga duración, que afecta especialmente a jóvenes y mujeres, con tasas que superan el 22%. Esto deja en evidencia que el desempleo no es una condición "estacional", más bien se constituye como parte de la biografía laboral de segmentos de la población que han sido relegados en un escenario de precariedad laboral como estándar.

La TDI y la Tasa de Subutilización nos ofrecen una visión más completa del mercado laboral, ya que revelan no solo el desempleo, sino también el subempleo, desaliento y la potencial fuerza de trabajo que no está ocupada. Evidenciado que casi un cuarto de la fuerza de trabajo se encuentra hoy en condiciones de inestabilidad laboral de algún tipo.

Estamos viviendo en un sistema que no garantiza condiciones mínimas de reproducción de la vida para amplios sectores de la población, puesto que el modelo del trabajo asalariado opera sobre la base de la precarización. Para avanzar hacia una solución efectiva, es crucial que se reconozca la naturaleza estructural de este problema y actuar en consecuencia.

Es fundamental que las autoridades reconozcan esta complejidad y dejen de administrar la crisis con propuestas vacías como subsidios o bonos. Atender la crisis implica fomentar empleos de calidad, con salarios acordes a la realidad nacional y garantías mínimas de seguridad. En un marco de robustecimiento de una matriz económica competitiva que construya un modelo sostenible para la creación de empleo.