El brutal endeudamiento de los chilenos y la desposesión salarial
A_UNO_622639_d5214_816x544 Publicado en El Mostrador el 28 de Marzo de 2016 Por Alexander Páez, investigador Fundación SOL

La cantidad de endeudados totales del sistema es de 10,9 millones de personas y el de morosos es de 3,86 millones, según la Universidad San Sebastián, a partir de la información proveniente de DICOM-Equifax para diciembre de 2015. Lo cual indica que el número de morosos crece un 13% en relación con igual mes del año anterior. Pocas cifras económicas muestran este crecimiento, lo cual demuestra una vez más la relevancia del monitoreo y mirada crítica sobre este dato que se está volviendo de uso permanente, tanto como la tasa de desocupación, el crecimiento del empleo y el PIB.

Solo un par de cosas que decir sobre el endeudamiento en este país. En primer lugar, el fenómeno de la deuda de los hogares es mundial. No atañe a una suerte de idiosincrasia nacional o a una jugada maestra del sistema económico neoliberal particular que tenemos en Chile. Según OCDE, Noruega –que para muchos es una suerte de ejemplo de socialdemocracia madura, bien lejos de nuestro “modelo” nacional– tiene uno de los indicadores de Relación Deuda Ingreso (RDI) de los hogares más alto a nivel mundial, con un espectacular 213,7% de deuda sobre el ingreso disponible en el hogar, lo mismo Suecia con un 172% y Holanda con un 311,5% [1]. Para Chile el RDI es de un 62%, según el Banco Central, lo cual permite plantear que la deuda de los hogares estaría dentro de parámetros normales, pues no se acerca ni por mucho al promedio OCDE, que es cercano al 117%.

Sin embargo, y acá tocamos el segundo punto relevante sobre el análisis de la deuda de los hogares, ese indicador no muestra cómo efectivamente afecta la deuda a la economía doméstica de los hogares. Según un estudio de Fundación SOL[2], al comparar la mediana de los ingresos (el umbral de lo que gana el 50% de la población de menores ingresos), que es un indicador más robusto en economías desiguales como la nuestra para evaluar la salud salarial de los hogares, la proporción de la mediana de ingresos de los asalariados en Chile es del 41% del PIB per cápita mensual del país, mientras que para Holanda es del 93%, Noruega el 77% y Suecia el 84%.

Selección_234

En Chile, eso se expresa en que el 50% de los trabajadores obtiene menos de $305 mil líquidos (NESI, 2014). En la actualidad el salario mínimo es de $250 mil, por lo que la insuficiencia salarial en Chile es muchísimo más dramática que la de aquellos países que, si bien tienen montos enormes de deuda agregados –que es lo que hace mundial y estructural el tema de la deuda de los hogares,– presentan particularidades correspondientes a las estructuras productivas, laborales y financieras de cada uno de los países en cuestión. Chile es un país dependiente, de economía financiarizada, monoexportadora, sin diversificación productiva como los países que estamos comparando, sin derechos laborales que permitan aumentar salarios o ajustarlos a los estándares de vida adecuados para la población (como sucede en esos países), ya que en nuestro país están absolutamente coartados.

Esto tiene como resultado que la relación Carga Financiera sobre Ingreso Disponible de los hogares (RCI) sea la más alta de la OCDE, con un 38% promedio, mientras Holanda (el más alto luego de Chile) es de 18,1%, Noruega 16,3% y Suecia 11,1%. Es decir, en Chile en promedio 4 de cada 10 pesos que ingresan mensualmente se destinan al pago de la deuda, por lo que solo pueden vivir con el 60% de sus ingresos reales, es decir, para un hogar que obtiene el salario mínimo le quedan $150 mil para sobrevivir el resto del mes luego de pagar sus compromisos financieros.

Resulta aún más dramático si tomamos en cuenta a los hogares del 50% de menos ingresos del trabajo, que en promedio utilizan el 45% de sus ingresos para pagar deuda. De esta forma, no nos puede asombrar que esto se transforme en un excelente negocio bancario. Para 1995, el 21% de las colocaciones de crédito bancarias eran de consumo de personas, para el 2014 la cifra fue de 38%. Es un negocio que se sostiene sobre una población mayoritariamente desposeída de sus ingresos y sin posibilidad de negociar colectivamente, tal como lo hacen en los países que tienen mayores montos de deuda que los hogares chilenos, pero también mayores salarios, derechos laborales y sistemas de protección social que permitan apoyar la economía doméstica de los hogares.

De esa forma, el Informe de Morosidad demuestra la profundidad de la desposesión que se cierne sobre los hogares en Chile, un diagnóstico que no se encuentra en los discursos de ninguna autoridad, y que ni siquiera se activó en la discusión sobre una reforma tan relevante como es la laboral.