Cuatro de cada diez personas en Chile serían pobres si solo medimos los ingresos del trabajo y las pensiones contributivas

Publicado en Resumen el 17 de agosto de 2021

En un reciente estudio Fundación SOL identificó que la pobreza en Chile aumenta notablemente al considerar los ingresos del mundo del trabajo en comparación al indicador utilizado oficialmente. En conversación con RESUMEN, Marco Kremerman, investigador y uno de los autores del estudio, explica las implicancias de este escenario.

Recientemente Fundación SOL publicó el estudio «La pobreza del «modelo» chileno: la insuficiencia de los ingresos del trabajo y las pensiones«, donde identifica la «cantidad de personas en situación de pobreza al considerar exclusivamente los ingresos del mundo del trabajo», presentando una medición más exigente que la presentada por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia.

Entre los resultados del estudio, Fundación SOL logró confirmar la «hipótesis de que la pobreza en Chile al considerar los ingresos del mundo del trabajo, "supera con creces" al indicador oficialmente divulgado».

Para profundizar en esta investigación, RESUMEN conversó con Marco Kremerman, investigador de Fundación SOL y autor -junto a Gonzalo Durán- del estudio. En la entrevista Kremerman explicó los resultados que arrojó la investigación y enfatizó en el alcance que tiene la situación sobre la pobreza que se vive en Chile en cifras que el Gobierno no contempla para la elaboración de políticas públicas.

Diferencia de método: el entramado de componentes

Uno de los pilares sobre los cuales se sitúa el estudio guarda relación con la metodología utilizada por Fundación Sol para su realización, la cual no se delimita a lo establecido por la llamada «metodología oficial» para el cálculo de la pobreza. Concretamente, la investigación «compara el ingreso proveniente del mundo del trabajo definido aquí como los ingresos del trabajo y pensiones contributivas con las respectivas líneas de pobreza».

Por ende, excluye ingresos del capital, alquiler imputado y subsidios entregados por el Estado, con la intención de considerar a profundidad la capacidad que tienen los ingresos de trabajo y las pensiones para sustentar los hogares por sobre la pobreza.

En este sentido, Kremerman plantea que «hoy día tenemos tantas líneas de la pobreza como el tamaño del hogar que existan en el país», lo cual contempla incluso la conocida pobreza multidimensional, la cual guarda relación con tener «acceso a ciertos estándares fundamentales para vivir» como lo son la vivienda, el trabajo y las pensiones.


En términos concretos, a fines de 2020 la línea de la pobreza para un hogar de cuatro personas se encontraba cerca de los 460 mil pesos, entendiéndola bajo el concepto de pobreza por ingreso.

Sin embargo, el investigador explica que «para considerar los ingresos totales de un hogar en la encuesta Casen se suman distintas fuentes. La más importante son los ingresos autónomos que son los ingresos que generan los hogares sin ayuda de nadie», donde se encuentra el salario de la población y las pensiones contributivas.

A esto, la metodología oficial le suma los «ingresos del capital», el cual contempla a «personas que tienen la capacidad o posibilidad de haber ahorrado y tienen segunda vivienda, tercera vivienda, tienen acciones». Asimismo, se encuentran los subsidios entregados por el Estado; la sumatoria de estos daría los ingresos totales del hogar. Sin embargo, existe un tercer componente.

Este tercer elemento es conocido como alquiler imputado, el cual en palabras de Marco Kremerman es un «ingreso adicional que la encuesta Casen considera para aquellos hogares que tienen vivienda propia y, por tanto, entre comillas, están ahorrando realizar un gasto en arriendo; entonces aunque vivan con 200 mil pesos al mes se les agrega un ingreso equivalente al promedio de los arriendos del barrio o la manzana donde vives, pero también se hace lo mismo con aquellos hogares que están pagando su vivienda, están pagando un dividendo«.

Este elemento sería fundamental a considerar al momento de calcular la pobreza en la población, generando una notoria diferencia en comparación con solo considerar los ingresos autónomos, vale decir, aquellos que dependen del trabajo propio de las y los trabajadores y del sistema de capitalización individual.

En este sentido, al testear el modelo de acumulación de forma directa, considerando solo lo que son los ingresos autónomos, Kremerman señala que «la pobreza por ingresos pasa de un 10,8% a un 39,9%«. En otras palabras, «cuatro de cada diez personas en Chile serían pobres si solo medimos los ingresos del trabajo y las pensiones contributivas que son los ingresos principales en la mayoría de los hogares chilenos«.

Por ende, desde Fundación Sol indican:»ese indicador aislado es un mal indicador, que no da cuenta de como están viviendo la mayoría de los hogares chilenos», refiriéndose a aquel que es utilizado por el Gobierno para analizar y medir la pobreza en Chile, siendo esencial «establecer indicadores alternativos en distintas esferas».

Así, el indicador utilizado en el estudio sería más preciso sobre la realidad que remece al país, donde «este 39,9% que observamos en el 2020 es superior a lo que se observaba el 2015 y es superior a lo que se observaba el 2013», indica Kremerman.

A modo de ejemplo, el investigador explica que «cuando uno mira la pobreza oficial en las personas de 60 años o más en la Casen 2020 solo se reporta un 5,6%», sin embargo «cuando uno mira la pobreza de mercado y controlada por los subsidios y por el alquiler imputado ahí la pobreza salta a casi un 46%, y ahí sí se puede ver los efectos de un sistema quebrado socialmente como este mercado de cuentas individuales».


Cifra desagregada: «fragilidad» de la población

Son distintos los sectores de la población que se ven mayormente propicios a un contexto de pobreza, entendiendo las raíces históricas y medulares de este fenómeno. A modo de ejemplo, Kremerman explica que la pobreza oficial en el sector urbano alcanza un 10,4%, mientras que para la ruralidad es de un 13,8%.

Sin embargo, «cuando uno mide la pobreza de mercado, la pobreza por ingresos del trabajo y pensiones contributivas, en la zona urbana es 38,2% y en la zona rural llega a casi un 53%», teniendo un aumento significativo.


En el caso de las mujeres la situación mantiene una matriz de diferencia similar, presentado niveles de pobreza mucho mayor al de los hombres y que en un análisis de tipos de hogares se logra vislumbrar explícitamente.

Sobre este punto, Marco Kremerman explica que «en el caso de un hogar monoparental, donde vive el hombre solo con su hijo o hija, la pobreza oficial es 9,2% y aumenta a 34,1% cuando la medimos bajo esta metodología, pero en el caso de un hogar monomarental, donde es la madre la que vive sola con sus hijos o hijas, la pobreza oficial es de un 16,1% -ya hay una diferencia con el hogar monoparental que es 9,2- y aumenta a casi 56% cuando medimos la pobreza«.

Por su parte, a través de los datos existentes sobre pueblos originarios, la pobreza oficial de un 13,2% salta a casi un 47% cuando se mide con la metodología de pobreza de mercado.


Soluciones políticas

Kremerman es enfático en señalar la agudización de la crisis actual, indicando que «el modelo de acumulación chileno no permite a las personas vivir autónomamente sin tener que recurrir al endeudamiento permanente, sostenido, para vestirse, alimentarse, pagar los gastos básicos, pagar la educación, salud que son bienes que no deberían estar mercantilizados».

Ante esta situación, plantea que «ya no hay tiempo para seguir generando medidas parche» y que es urgente «volver a colocar en el centro del debate el trabajo en un sentido amplio, tanto el trabajo no remunerado, invisibilizado que recae lamentablemente fundamentalmente en las mujeres, y el trabajo remunerado», donde la oportunidad que se abre con el proceso constituyente es relevante para enfatizar estos puntos.

En el sentido de la búsqueda de soluciones políticas, Kremerman también apunta a la precarización producida por el sistema de administradoras de fondos de pensiones, el cual no cuenta ni proyecta generar seguridad social para la población.

Frente a este escenario, el investigador de Fundación Sol plantea que: «si el trabajo fuera mejor pagado, si las relaciones laborales fueran más simétricas, si existiera negociación colectiva por sector económico-rama con derecho a huelga efectivo, un salario mínimo decente que estuviera en línea con el costo de vida mínimo del país, si existiera una ley que efectivamente permitiera repartir utilidades, y si tuviéramos un sistema de seguridad social y no un mercado de cuentas individuales como existe actualmente, sin duda los ingresos ingresos autónomos vinculados al trabajo y su reflejo posterior que son las pensiones nos tendrían en una realidad distinta».

Ve la entrevista aquí: