¿Esta ley resiste los datos?
Columna de opinión en Resumen

Columna de opinión publicada el 28 de abril de 2026 en Resumen

Por Alexander Páez, investigador Fundación SOL

El autor de esta columna entrega tres ítems importantes a tener en cuenta frente a las medidas regresivas de Kast: alta desigualdad, bajos salarios y empleo precario. Esta tríada "no significa un aumento de bienestar para las mayorías que viven del trabajo", sino que "un signo de progreso" para los grandes grupos económicos.

El Gobierno de Chile anunció un paquete de medidas que denominó “Proyecto de Ley de Reconstrucción y Desarrollo Económico y Social” en el cual se describen múltiples medidas de distinta índole, desde cuestiones específicas de reconstrucción de viviendas, pasando por rebaja de impuestos a las empresas, disminución del gasto y “burocracia”, así como medidas para incentivar el crecimiento económico y el empleo. Inmediatamente generó un debate político sobre cuán similar es a la experiencia del Gobierno de Javier Millei, en lo que se llamó “Ley Ómnibus”, en el caso de Chile se le ha denominado “ley miscelánea” o “ley tutti frutti”.

Al parecer uno de los efectos políticos que se busca es la confusión en el debate, por ejemplo, en Uruguay, al inicio del gobierno de Luis Lacalle Pou, durante el primer semestre del 2020 se promulgó la Ley de Urgente Consideración (LUC), la cual tenía más de 400 artículos en una amplia diversidad de sectores, desde la jubilación, ley de arrendamiento, seguridad pública, educación, salud, medios de comunicación, etc. Tales medidas buscaban reformar el Estado y generar un debate político lento y confuso, sobre todo en la opinión pública, respecto a la orientación de las reformas y sus efectos concretos en la población.

Nos concentraremos en el empleo para evitar la confusión buscada, ya que el mismo Kast plantea algo relevante: “el crecimiento no es un fin en sí mismo, sino el medio para que las personas vivan mejor y haya más empleo, más seguridad y más esperanza (…) Sé que habrá voces que digan que este proyecto favorece a los que más tienen. Esa objeción no resiste los datos. El empleo lo puede crear cualquier empresa que tenga condiciones para crecer: el almacén de barrio, la empresa familiar, la compañía mediana, la gran industria”.

¿Qué dicen los datos?

1. Alta desigualdad. Lo primero es que el país ha crecido sostenidamente desde los noventa hasta hoy, acumulando un crecimiento del 90% en términos reales, llegando a ser un país de USD 35.000 per cápita comparables según el FMI. Lo cual lo ubica dentro de los países más ricos de América Latina y, al mismo tiempo, más desiguales, donde su 1% más rico concentra más del 50% de la riqueza (1). Este diagnóstico requiere mirar con lupa la relación entre crecimiento y empleo, dada la alta desigualdad del país y la forma de organizar, regular y proteger al mundo del trabajo.

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2. Bajos salarios. Si el país ha crecido durante las últimas tres décadas habría que esperar un sólido mundo del trabajo. El análisis de los salarios no dice lo mismo, según una mirada de largo plazo basada en el trabajo de los/as historiadores económicos Mario Matus y Nora Reyes (Cap. 17. Historia Económica de Chile desde la Independencia), el salario por hora real de los trabajadores no calificados tuvo su pico más alto en 1969 y recién se vuelve a superar levemente el mismo poder adquisitivo el año 2009. A pesar de los “años dorados” de una década de alto crecimiento relativo durante los noventa, aun así, los salarios de los menos calificados no lograron recuperar los efectos inflacionarios de los setenta y el tratamiento de shock global de la dictadura en los ochenta. El impacto de contención salarial duró casi 4 décadas desde el punto de vista histórico de la población de más bajos ingresos que viven del trabajo, a pesar del aumento de la riqueza global que se ha destacado. Cabe suponer que, cuando el ritmo de crecimiento disminuye, como sucede durante las primeras décadas del siglo XXI, el impacto sea aún más mediocre para las mayorías sociales que viven del trabajo.

Si se toma en cuenta el mismo año 2009, a partir del estudio de Los Bajos Salarios de Chile basado en la Encuesta CASEN 2024, el 67,3% de los ocupados que alquilaban una vivienda recibía un salario por su ocupación principal que no permitía sacar de la pobreza a una familia promedio de tres personas. Para el año 2024 la cifra alcanza el 63,5% donde se observa que la mejora es marginal a pesar de todo el crecimiento económico producido, persiste que dos tercios de los ocupados que arriendan no puedan obtener ingresos con su ocupación principal que permita sacar a una familia promedio de la pobreza.

3. Empleo precario. Las cifras de empleo no son exigentes en cuanto a contabilizar el trabajo. Basta una hora de trabajo por dinero o especies para ser calificado como ocupado. Esto quiere decir que el tipo de ocupación, su calidad, regulación y protección son fundamentales. Para el último trimestre publicado por el INE correspondiente al trimestre diciembre-febrero 2026 (DEF 2026), el 22,3% trabaja una jornada parcial y un 31,1% de quienes trabajan esa jornada requiere trabajar más horas y, por lo tanto, se encuentra subempleado. El 15,2% de los asalariados se encuentra bajo contratos de suministros de trabajadores, de subcontrato o enganche, para el año 2010 era del 11,5%. El empleo informal es del 26,5%. Pero el empleo endeble es de un 44%, es decir un puesto de trabajo que no está completamente protegido y tiene algún atributo que vulnera su formalidad, estabilidad y protección (como contratos anuales de trabajo o protección laboral insuficiente), pero que no califica como informal según las estadísticas oficiales. Este tipo de empleo equivale al 73,2% del total de la Administración Pública, siendo absolutamente masivo gracias a los tipos de contratos anuales (como la contrata) o el trabajo a honorarios. En otro sector relevante de la economía nacional, como Construcción, el empleo endeble equivale al 44,2% del total de la ocupación.

Un breve repaso por las características del mundo del trabajo en el que concretamente se encuentra Chile, permite no ser tan optimista con que el crecimiento económico es un medio para obtener mejores empleos, más calidad de vida, confianza y seguridad. Sin duda, para los grandes empresarios es un signo de progreso y bienestar para sus ganancias como el Grupo Luksic que pasó de un valor de USD 2.200 millones en 1996 (USD 4.600 millones a precios de hoy) a USD 52.600 millones. Un aumento sobre el 1.000% (2). Pero como se observa en los datos esto no significa un aumento de bienestar para las mayorías que viven del trabajo. Por todo ello esta ley no resiste los datos.